¿Qué es el krausismo?
El krausismo es un movimiento cultural del siglo XIX que en España abarcó diferentes campos. Fue una teoría filosófica, una doctrina política y una práctica moral que buscaba "regenerar la nación española" y luchar contra el carácter "conservador y regresivo" del reinado de Isabel II. En este sentido, se enmarca en un contexto europeo más amplio denominado por los historiadores como «guerras culturales» de las décadas de 1860 y 1870, en las que los valores y las prácticas de las sociedades modernas se pusieron en cuestión y debate.
Su origen hay que buscarlo en la figura del catedrático Julián Sanz del Río (1814-1869). Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid durante el reinado de Isabel II. Sanz del Río había tomado posesión de su cargo en 1854 y pronunciado un famoso discurso de inauguración del curso académico en 1857 en el que se sintetizaban las principales ideas de su magisterio.
Su idea principal, que sería el núcleo de la ideología krausista, consistía en una reivindicación de la Ciencia, basada en la racionalidad y a la que se daba un carácter sagrado, ya que comprendía que su finalidad última era obtener el conocimiento de Dios. En esta defensa, Sanz del Río concebía la Universidad como la única institución en la que se podía garantizar la autonomía de la Ciencia, afirmación que suponía una pugna con la Iglesia católica y su monopolio de la educación, ostentado desde el Concordato de 1851 con el Estado liberal.
Julián Sanz del Río fue reuniendo a su alrededor un nutrido grupo de intelectuales que se convertirían en las principales figuras del movimiento krausista: Fernando de Castro (1814-1874), Nicolás Salmerón (1838-1908) y Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). Este grupo de personalidades serían considerados por los adeptos al krausismo como santos laicos, cuyo carácter moral destacaría frente a las arbitrariedades del poder de su tiempo y al fanatismo encarnado en el catolicismo militante.
Ejemplos de su conducta son el expediente abierto a Fernando de Castro por negarse a firmar un escrito de adhesión a Isabel II que hizo circular el gobierno de González Bravo, la negativa de Salmerón a sustituir a Emilio Castelar en el contexto de la primera cuestión universitaria de 1865 o el encarcelamiento de Giner de los Ríos tras el decreto Orovio de 1875 (segunda cuestión universitaria durante el gobierno de Cánovas del Castillo).
Fueron, por esta independencia, de los primeros defensores de la libertad de cátedra como medio de indagación en las ciencias. En consecuencia con esta defensa de la libertad de conciencia, también se posicionaron a favor de la libertad religiosa, rechazando a su vez muchos elementos del catolicismo intransigente de su tiempo.
Esto se debe al distinto concepto de religiosidad que manejaban los krausistas, por el que veían a las llamadas religiones positivas (como el catolicismo) como un remanente de épocas históricas pasadas y de prácticas que la racionalidad de su tiempo identificaba con el fanatismo. En contraposición, los historiadores que se han encargado del estudio del krausismo lo han relacionado con corrientes como el librepensamiento o el protestantismo liberal (por la defensa de la libertad de conciencia en este último).
El rechazo de la Iglesia a este movimiento estuvo también muy influenciado por la negativa y crítica que los krausistas hicieron a las prácticas del culto católico, negándose a participar de las mismas para ser consecuentes con sus ideas. Esto se debe a que para un krausista, el único templo necesario para rendir culto a Dios era la propia conciencia personal.
La práctica del krausismo fue sintetizada por Julián Sanz del Río en el libro Ideal de la Humanidad para la vida publicado en 1860. Este consiste en una traducción de varios textos de Krause que tuvieron una gran aceptación entre la juventud universitaria. Entre los principales puntos que defendería esta escuela, nos encontramos:
- La importancia de la práctica moral del individuo, cuyo desempeño debe encarnar sus ideas y servir de ejemplo.
- La defensa de la racionalidad y de la búsqueda de Dios a través de la misma.
- La autonomía e independencia de la Ciencia, frente a dogmas, posiciones y órdenes políticos. Por ende, se defiende la libertad de cátedra y la Universidad como única institución en la que se pueden cumplir estos principios.
- La perfectibilidad de la Humanidad, a través de la búsqueda de la Verdad, la Justicia y la Belleza en la vida.
- El rechazo y crítica a las religiones positivas. A esta se une un alegato por la libertad de cultos (libertad de conciencia de los individuos) y una ausencia de liturgia en la práctica del krausista. Como consecuencia de estas posiciones, los krausistas acabarán defendiendo el establecimiento de un Estado laico (separación entre la Iglesia y el Estado).
- La igualdad entre hombres y mujeres en lo que se refiere a la formación intelectual, para sacar a la mujer del estado de ignorancia en el que se encuentra degradada. También se defiende un ideal de pareja basada en el amor y la armonía entre los cónyuges, criticando así el modelo de familia patriarcal.
Si bien es cierto que la fama y expansión del krausismo se debe a la labor de Sanz del Río, existen algunos precedentes anteriores que sirvieron de primer contacto de estas doctrinas en España. El más antiguo conocido se debe al liberal moderado Santiago de Tejeda (1800-1877), que realizó un viaje por Alemania entre 1837 y 1839 en el que entró en contacto con la Universidad de Heidelberg, donde había importantes discípulos de Krause.
Otras figuras españolas que influyeron en la llegada del krausismo a España fueron Álvaro de Zafra, Ramón de la Sagra (1798-1871), Jaume Balmes (1810-1848) o Navarro Zamorano (1813-1855), que tradujo el Curso de Derecho Natural de Ahrens en 1841. Sin embargo, es evidente que sería a partir de 1843, cuando Julián Sanz del Río fue becado por el gobierno de Espartero para ir a Alemania con el objetivo de "modernizar la enseñanza de esta disciplina", cuando se produciría el primer contacto determinante para el desarrollo de esta escuela en España.
Como hemos podido observar a lo largo de este artículo, los krausistas españoles conformaron un movimiento que no solo se puede explicar exponiendo las teorías filosóficas de Karl Friedrich Krause (1781-1832). Este autor vinculado al idealismo alemán y contemporáneo de figuras como Fichte, Schelling o Hegel fue adaptado y transformado a la realidad y el contexto de la España isabelina como un motor de modernización y secularización de la sociedad. En este sentido, los krausistas no distinguían entre la obra del maestro y sus discípulos como Heinrich Ahrens (1808-1874), Georg Weber (1808-1888) del que Julián Sanz del Río tradujo su Compendio de Historia Universal (1853-1856) y Guillaume Tiberghien (1819-1901).
El krausismo fue un movimiento que atrajo a un gran número de defensores y detractores en toda España. El lenguaje religioso que utilizaban los autores krausistas hizo posible que tuvieran una gran aceptación entre católicos liberales, deístas y panteístas. Sus ideas a favor del progreso de las sociedades, la dignidad de los individuos y la modernización científica hizo posible que los demócratas y republicanos también se identificaran con sus objetivos. Prueba de ello es la figura de Nicolás Salmerón, tercer presidente de la Primera República y uno de los krausistas más importantes de la historia. Su crítica a la Iglesia también lo conecta con un movimiento anticlerical más amplio y transversal, fundamentalmente con el librepensamiento desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX.
Como detractores, nos encontramos a los carlistas y a los neocatólicos, que acusaron al krausismo de ser un movimiento "ateo, panteísta, extranjero, masónico, materialista, racionalista, ininteligible y oscuro". Como hemos indicado al principio, en este rechazo influyó mucho el contexto de «guerra cultural», por el que el krausismo venía a cuestionar el monopolio que el catolicismo militante y la Iglesia había tenido en la conformación de la sociedad española, pasando por prácticas y valores que en los contextos de mayor apertura y democratización (regencia de Espartero, 1840-1843; Bienio progresista, 1854-1856; y Sexenio democrático, 1868-1874) hicieron posible la creación de un nuevo tipo de sociedad.
La herencia del krausismo en España es más alargada de lo que se suele pensar. Se encuentran entre sus logros haber dado algunos de los principales defensores del laicismo del Estado y la secularización de la sociedad, en asuntos como el registro, los matrimonios y los enterramientos civiles, la libertad de cultos o la independencia de la moral con respecto a cualquier religión. También hay que destacar su interés por la reforma del sistema penitenciario español, en asuntos como la abolición de la pena de muerte, la mejora de las condiciones de los presos o el objetivo de la reinserción en la sociedad del delincuente. Por último, su apuesta más destacada posiblemente sea su defensa de una educación científica y de calidad, que serviría de germen para la Institución Libre de Enseñanza en 1876 y todos sus epígonos que han venido desde entonces hasta nuestros días.
Bibliografía
-VV. AA. (2024) Diccionario simbólico del republicanismo histórico español (siglos XIX-XX).
-Romeo Mateo, M.C. y Serrano García, R. (2021) "Krausistas y neocatólicos: la primera guerra cultural en perspectiva europea" en El contexto religioso en la España del siglo XIX: Discursos, opinión pública y movilización.
-Fernández Sebastián, J. y Fuentes, J.F. (2002) Diccionario político y social del siglo XIX español.
-Rodríguez, T., Laporta, F. y Ruiz Miguel, A. (1985) La Institución Libre de Enseñanza. Cuaderno Historia 16 n.º 168.
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