Memorias republicanas: la Casa-Museo de Vicente Blasco Ibáñez


En la ciudad de Valencia, en un extremo de la Malvarrosa, se levanta mirando hacia la playa la casa del escritor, político y activista republicano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928). Este chalet de forma cúbica y estilo clasicista, con sus cariátides y pilastras jónicas en la fachada, es uno de los pocos inmuebles personales conservados de la memoria republicana en España. Debido a distintas vicisitudes históricas, muchas de las viviendas en las que habitaron figuras emblemáticas del republicanismo se han perdido sin dejar más rastro, en el mejor de los casos, de alguna placa que recuerde que vivieron en ese domicilio. En ese sentido, la Casa-Museo de Blasco Ibáñez representa un caso especial para este tipo de patrimonio, pues se ha "mantenido" en el espacio original. 

Sin embargo, para aquellos interesados en el republicanismo es importante señalar un aspecto importante sobre la historia de esta Casa-Museo. El edificio comenzó a construirse en 1902 y estuvo en uso por la familia del escritor hasta 1939, cuando el ayuntamiento la incautó y entregó a Falange Española, partido único de la dictadura franquista. 


El inmueble se utilizó como sede de la Escuela de Flechas Navales, una versión falangista-marítima de los boys-scouts, desde 1942-1962. Desde este momento comenzó su degradación: se cerró la terraza, desaparecieron las cariátides y no se dedicaron fondos a su restauración ni mantenimiento. Parecía que, de manera consciente e inconsciente, la dictadura volvía a tratar de dejar en el olvido un espacio relacionado con la memoria del republicanismo y las luchas políticas del siglo XIX y principios del XX. Tras esta etapa, acabaría siendo abandonada y su falta de conservación la abocaría al estado ruinoso en el que se encontraba al retornar la democracia a España. En la década de los 80, la casa fue vendida al ayuntamiento de Valencia, que es su actual propietario. 


A partir de ese momento se buscaría restaurar el inmueble para darle uso, pero las dificultades encontradas llevaron a que finalmente se optase por su derribo en la década de los 90 y por una reconstrucción siguiendo los planos originales del Archivo Municipal. Es decir, aquel que decida pasear hasta la Casa-Museo de Blasco Ibáñez tendrá que saber que se va a encontrar ante una reconstrucción de los años 90, en la que se ha respetado la fachada exterior, pero no las estancias interiores. Nos encontramos entonces ante un tipo de actuación que se emplea bastante en nuestra España democrática, que algunos historiadores del arte han bautizado de forma sarcástica como "fachadismo": la conservación del exterior de los edificios y la destrucción o pérdida de los espacios interiores. En este caso, se justificó para lograr una mejor distribución del espacio expositivo, aunque uno no puede sino lamentarse de que no se haya optado por una reconstrucción completa de la casa. 

Tras todas estas vicisitudes, se abriría finalmente al público en junio de 1997, pasando así a formar parte de los museos municipales de la ciudad de Valencia. Como detalle curioso, no deja de ser interesante que la placa en la que se recuerda esta inauguración también ponga el énfasis en la política del PP Rita Barberá, que como alcaldesa defendió en variadas ocasiones la gestión de la memoria de Blasco Ibáñez por el ayuntamiento valenciano, como se puede leer en artículos de prensa de la época. Un ejemplo más de cómo ante la pérdida de la memoria del republicanismo por las izquierdas españolas ha habido casos de "resignificación" de figuras republicanas por parte de políticos de derechas, a pesar de que su trayectoria histórica e ideas poco tienen que ver con las de figuras como Blasco Ibáñez.

En el piso inferior, se disponen unos paneles con texto e imágenes en los que se recorren con un orden cronológico momentos centrales de su vida, junto con objetos del escritor, libros originales y fragmentos de su obra periodística, sobre todo aquellos del diario El Pueblo, del que fue fundador y director desde 1894 hasta su muerte en 1928. Como acontecimientos de su vida que me resultaron más interesantes se encuentran la oposición del escritor a la dictadura de Miguel Primo de Rivera o su aventura "colonial" en Argentina, que merecería una entrada aparte. Además, se encuentra un libro de firmas lleno de dedicatorias realizadas por los visitantes. Cuando visité la Casa-Museo me sorprendió mucho la gran cantidad de personas que desde 2019 habían pasado por el inmueble. Muchas de ellas celebraban la obra literaria del escritor, sus adaptaciones a series en RTVE (Cañas y barro, 1978; La barraca, 1979; el biopic Blasco Ibáñez, 1998; y Arroz y Tartana, 2003) y su lucha en las filas del republicanismo. Junto con mi pareja, también dejamos una dedicatoria en nuestra visita del 21 de febrero de 2026, en la que firmamos como unos amigos de Pi y Margall que vinieron de Madrid. 

En el primer piso, tras subir los escalones, llegamos a la zona en la que se encuentra mayor cantidad de muebles, objetos personales, cuadros y fotografías familiares. Entre todos estos objetos, destaca su mesa de trabajo con una fotografía en la pared de lo que fue el despacho de Blasco Ibáñez y que nos recuerda lo que podría haber sido de haberse conservado la casa o de haberse optado por una reconstrucción más minuciosa del interior. También cerca de la mesa se encuentra una frase del escritor enmarcada que dice así: "La más penosa y antipática de las virtudes es el trabajo. El trabajo es virtud, la pereza, salud". Entre otros objetos curiosos que recoge este piso, se encuentran las sillas y mesas que están decoradas con una efigie de la Marianne republicana. También están en este piso las fotografías de sus hijos Libertad, Mario, Julio César (todos ellos nombres que recuerdan la historia de Roma) y Sigfrido (héroe del Cantar de los nibelungos) y de su mujer María. Aunque se pase un poco por encima, se lee entre líneas en las cartelas que Blasco Ibáñez engañaba a su mujer, por lo que 

Sin embargo, la gran joya de la corona que se encuentra en este piso es la terraza con las pilastras jónicas y las cariátides, que permite a sus visitantes observar en primer plano la playa de la Malvarrosa y hacerse una preciosa fotografía asomados al balcón. Un espacio de primera clase para disfrutar de la belleza de la costa mediterránea y en el que entendemos el interés del escritor por construirse su chalet en esa zona. 

Una vez terminada la visita de la Casa-Museo, uno puede darse un recorrido por los jardines del edificio. En mi visita, estaban expuestos unos carteles en los que se trataba la aventura de Vicente Blasco Ibáñez con el mundo del cine y en los que se explicaban algunos detalles de distintas adaptaciones de sus obras. Decora el centro del jardín un busto del escritor, por lo que merece la pena darse una vuelta por la zona. 

Como conclusión, diré que la Casa-Museo de Blasco Ibáñez merece una pequeña peregrinación por parte de todas aquellas personas interesadas por el mundo del republicanismo español. Si bien es cierto que podría haberse hecho un mayor esfuerzo (e inversión) en la reconstrucción del interior del inmueble y que se echa en falta algo tan básico en un museo dedicado a un escritor como un pequeño espacio de tienda para poder adquirir sus libros (fue bastante decepcionante que no hubiera), no deja de ser una suerte que exista un espacio así en Valencia para recordar a una figura tan cautivadora como Vicente Blasco Ibáñez. Al menos, eso hemos ganado como sociedad a los hoteles en línea de playa, los apartamentos turísticos y el Airbnb. 

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